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La presión fiscal en países de Sudamérica

¿Cuál es la presión fiscal e impuestos totales en Sudamérica?

Presión fiscal en Sudamérica: Brasil recauda el equivalente a un tercio de su PIB

 

La carga tributaria presenta fuertes diferencias entre los países

La presión fiscal permite observar qué proporción del tamaño de una economía es captada por el Estado mediante impuestos y contribuciones obligatorias. Según los datos de Revenue Statistics in Latin America and the Caribbean 2026, elaborados por OCDE, CEPAL, CIAT y BID, en 2024 existen diferencias considerables entre los países sudamericanos analizados.

Brasil registra la mayor presión fiscal, con ingresos tributarios equivalentes al 33,7% del PIB. Le siguen Argentina con 27,6% y Uruguay con 27,3%. En un segundo grupo aparecen Ecuador con 21,7%, Chile con 20,5% y Colombia con 19,9%. Finalmente, Perú registra 16,3% y Paraguay 15,8%.

La diferencia entre Brasil y Paraguay, los extremos de la comparación, alcanza 17,9 puntos porcentuales del PIB. En términos relativos, la presión fiscal brasileña es más del doble de la paraguaya.

¿Qué significa una presión fiscal del 33,7%?

La presión fiscal no significa que cada ciudadano o empresa brasileña entregue directamente 33,7% de sus ingresos al Estado.

El indicador relaciona la recaudación tributaria total con el PIB. Por ejemplo, un resultado de 33,7% significa que los impuestos y contribuciones considerados durante el año equivalen al 33,7% del valor de todos los bienes y servicios finales producidos por la economía.

Según la metodología indicada en el gráfico, se incluyen también las contribuciones obligatorias a la seguridad social, aspecto importante porque puede modificar significativamente la comparación entre países.

Por ello, este indicador es mucho más amplio que observar solamente el IVA o el impuesto sobre la renta.

Brasil se distancia claramente del resto

Brasil encabeza la región con 33,7% del PIB, 6,1 puntos porcentuales por encima de Argentina, que ocupa la segunda posición.

El resultado muestra una capacidad considerable del sistema brasileño para captar recursos tributarios en relación con el tamaño de su economía. Pero una presión fiscal elevada no debe calificarse automáticamente como positiva o negativa.

Desde la perspectiva pública, una mayor recaudación puede proporcionar más recursos para financiar salud, educación, infraestructura, seguridad, pensiones y políticas sociales. Desde la perspectiva privada, una estructura tributaria elevada o compleja puede generar costos para hogares y empresas.

La cuestión fundamental, por tanto, no es solamente cuánto recauda un Estado, sino qué impuestos utiliza, sobre quién recaen y qué calidad de servicios públicos genera con esos recursos.

Argentina y Uruguay conforman el segundo grupo

Argentina registra una presión fiscal de 27,6% del PIB y Uruguay de 27,3%, prácticamente el mismo nivel.

Ambos se encuentran aproximadamente seis puntos porcentuales por debajo de Brasil, pero claramente por encima del resto de países considerados.

En el caso argentino existe además una precaución metodológica señalada en el propio gráfico: no están disponibles los ingresos tributarios locales, aunque sí se incluyen los provinciales. Por esta razón, la cifra debe interpretarse teniendo presente esa limitación de cobertura.

Uruguay, por su parte, muestra una estructura tributaria relativamente importante en relación con su economía.

Estos datos también ayudan a interpretar los gráficos anteriores sobre IVA: un país puede obtener una elevada recaudación tributaria total sin depender en la misma proporción de un impuesto específico.

Ecuador ocupa una posición intermedia

Ecuador registra ingresos tributarios equivalentes al 21,7% del PIB, ubicándose en cuarto lugar.

Su presión fiscal es 12 puntos porcentuales inferior a la de Brasil, pero supera a Chile en 1,2 puntos, Colombia en 1,8 puntos, Perú en 5,4 puntos y Paraguay en 5,9 puntos.

El dato resulta especialmente interesante al combinarlo con la información anterior sobre IVA. En 2024, la recaudación del IVA en Ecuador representó alrededor del 7,5% del PIB, mientras la presión fiscal total alcanzó 21,7%.

Esto confirma la relevancia del IVA dentro de la estructura tributaria ecuatoriana: aproximadamente una tercera parte de los ingresos tributarios procede de este impuesto.

Sin embargo, una presión fiscal del 21,7% no permite determinar por sí sola si Ecuador cobra “muchos” o “pocos” impuestos. Para responder adecuadamente sería necesario analizar también la estructura de tasas, base tributaria, informalidad, evasión y distribución de la carga entre hogares y empresas.

Chile y Colombia se encuentran alrededor del 20%

Chile registra 20,5% del PIB y Colombia 19,9%, una diferencia de apenas 0,6 puntos porcentuales.

Resulta interesante que Chile tenga una presión fiscal total ligeramente superior a Colombia, pero presente una recaudación del IVA considerablemente mayor respecto al PIB: 8,6% frente a 5,6%.

Esto muestra que dos países pueden tener una presión fiscal total relativamente similar y, al mismo tiempo, estructuras tributarias muy diferentes.

Chile obtiene proporcionalmente una mayor parte de sus recursos mediante IVA, mientras otros componentes tributarios adquieren pesos diferentes en Colombia.

Precisamente por ello, la presión fiscal debería analizarse conjuntamente con la composición de los ingresos públicos.

Perú y Paraguay presentan la menor presión fiscal

Perú registra 16,3% y Paraguay 15,8%, los niveles más bajos entre los países analizados.

Paraguay recauda, por tanto, menos de la mitad del porcentaje del PIB que Brasil obtiene mediante impuestos y contribuciones.

Esto puede significar una menor carga tributaria agregada, pero también implica una menor cantidad relativa de recursos fiscales disponibles para financiar funciones estatales, salvo que existan ingresos públicos importantes provenientes de fuentes no tributarias.

Una presión fiscal baja puede resultar atractiva desde determinados enfoques de competitividad, pero no constituye automáticamente una ventaja. Si está acompañada de servicios públicos insuficientes, déficits de infraestructura o debilidad institucional, parte de esos costos puede terminar siendo asumida directamente por hogares y empresas.

Más impuestos no significan necesariamente mejores resultados

Este es probablemente el aspecto más importante para interpretar el gráfico.

Una presión fiscal elevada indica que el Estado recauda una mayor proporción del PIB, no que esos recursos se administren eficientemente.

Dos países con la misma presión fiscal pueden obtener resultados muy diferentes en educación, salud, seguridad, infraestructura o protección social.

Por ello, una comparación completa debería incorporar un segundo componente: la calidad y eficiencia del gasto público.

Desde la perspectiva de competitividad, tampoco basta con buscar el país con menor presión fiscal. Las empresas valoran impuestos competitivos, pero también infraestructura, seguridad jurídica, capital humano, estabilidad macroeconómica y servicios públicos eficientes.

El verdadero debate es cuánto se recauda y qué se obtiene a cambio

Los datos de 2024 muestran tres grupos claramente diferenciados. Brasil presenta la mayor presión fiscal con 33,7%; Argentina y Uruguay se encuentran alrededor del 27%; Ecuador, Chile y Colombia se sitúan alrededor del 20%; mientras Perú y Paraguay permanecen cerca del 16%.

La diferencia regional es considerable y refleja modelos fiscales distintos.

Sin embargo, concluir que el país con menor presión fiscal posee necesariamente el mejor sistema tributario sería incorrecto. Del mismo modo, una mayor recaudación no implica automáticamente mejores políticas públicas.

La comparación verdaderamente relevante consiste en analizar cuánto recauda cada Estado, cómo distribuye esa carga entre ciudadanos y empresas y qué resultados económicos y sociales obtiene con esos recursos.

En definitiva, la presión fiscal mide el tamaño relativo de la recaudación; la verdadera eficiencia fiscal depende de la relación entre impuestos pagados, calidad del gasto y servicios recibidos por la sociedad.

El IVA como porcentaje del PIB

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