Empleo y desempleo en Sudamérica

Empleo en Sudamérica: ¿por qué tener menos desempleo no significa necesariamente tener mejores condiciones laborales?

 

Bolivia, Perú y Paraguay lideran la proporción de población ocupada, mientras Ecuador registra una de las tasas de desempleo más bajas de la región. Los resultados de 2025 revelan importantes diferencias en los mercados laborales sudamericanos.

Bolivia lidera la ocupación laboral en Sudamérica

El mercado laboral sudamericano presenta diferencias significativas entre países, tanto en la proporción de personas que trabajan como en los niveles de desempleo. Sin embargo, los indicadores muestran que una mayor ocupación no necesariamente representa mejores condiciones laborales ni mayores niveles de bienestar económico.

Según las estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), disponibles a través del Banco Mundial, Bolivia registra la mayor proporción de población ocupada en 2025, con el 76,29% de sus habitantes de 15 años o más.

Le siguen Perú, con 69,13%, y Paraguay, con 66,87%. Ecuador ocupa el cuarto lugar, con 62,36%, superando a Uruguay (60,11%), Brasil (59,37%) y Colombia (58,14%).

En las últimas posiciones aparecen Argentina, con 57,49%, y Chile, con 56,71%.

La diferencia entre Bolivia y Chile alcanza 19,58 puntos porcentuales, una brecha considerable que refleja distintas estructuras de participación y ocupación laboral.

No obstante, estas diferencias deben interpretarse considerando las características demográficas, económicas y productivas de cada país.

Ecuador: alta ocupación relativa y bajo desempleo

Ecuador presenta una situación particular dentro del conjunto analizado.

Con una tasa de ocupación del 62,36%, se sitúa por encima de cinco de los nueve países considerados. Simultáneamente, registra una tasa de desempleo del 3,31%, la segunda más baja del grupo, únicamente superada por Bolivia, con 2,97%.

Esta combinación indica que una proporción relativamente elevada de la población adulta se encuentra trabajando y que una pequeña parte de la fuerza laboral permanece desempleada.

Sin embargo, una tasa de desempleo reducida no equivale necesariamente a una elevada proporción de empleo adecuado.

En Ecuador, la distinción es especialmente importante porque las estadísticas laborales diferencian entre empleo adecuado, subempleo y otras formas de ocupación.

Una persona puede considerarse ocupada aun cuando trabaje pocas horas, perciba ingresos insuficientes o desarrolle actividades informales.

Por ello, los resultados muestran una capacidad de absorción laboral que debe analizarse conjuntamente con las condiciones en las que se desarrolla el trabajo.

Chile y Colombia presentan las mayores tasas de desempleo

El segundo gráfico revela diferencias importantes en la proporción de personas desempleadas.

Chile registra la tasa más elevada entre los países analizados, con 8,97%, seguido de Colombia, con 8,29%, y Uruguay, con 7,52%.

Argentina alcanza el 7,15%, mientras Brasil registra el 5,97%.

En contraste, Perú presenta una tasa del 5,12%, Paraguay del 4,80%, Ecuador del 3,31% y Bolivia del 2,97%.

La diferencia entre Chile y Bolivia alcanza seis puntos porcentuales.

Esto significa que la proporción de desempleados dentro de la fuerza laboral chilena es aproximadamente tres veces la boliviana.

Sin embargo, sería incorrecto concluir únicamente a partir de estos resultados que Bolivia dispone de un mercado laboral de mayor calidad.

Las tasas de desempleo reflejan la proporción de personas sin trabajo que buscan empleo y están disponibles para trabajar, pero no describen las condiciones de quienes ya se encuentran ocupados.

¿Por qué algunos países tienen mucho empleo y poco desempleo?

Una de las características más interesantes de los resultados es que Bolivia, Perú y Paraguay presentan elevadas tasas de ocupación y, simultáneamente, niveles relativamente bajos de desempleo.

Una posible explicación se relaciona con la estructura de sus mercados laborales.

En economías donde el trabajo independiente, las actividades familiares y la informalidad tienen una presencia importante, muchas personas pueden desarrollar alguna actividad económica sin acceder necesariamente a un empleo asalariado estable.

La necesidad de generar ingresos también puede impulsar a las personas a aceptar ocupaciones de baja remuneración o jornadas insuficientes, en lugar de permanecer desempleadas.

En estas circunstancias, el desempleo abierto puede ser reducido, aunque persistan dificultades relacionadas con la productividad, los ingresos y la protección social.

Esta interpretación constituye una explicación económica plausible, pero los dos gráficos no permiten determinar cuánto contribuye cada factor a las diferencias observadas.

Ocupación y desempleo: dos indicadores que miden realidades distintas

Para comprender correctamente los resultados, es necesario distinguir ambos indicadores.

La tasa de ocupación presentada mide el porcentaje de la población de 15 años o más que se encuentra trabajando.

Por su parte, la tasa de desempleo representa la proporción de personas desempleadas dentro de la fuerza laboral, integrada por ocupados y desempleados.

Por tanto, los denominadores son diferentes.

Un país puede presentar una tasa de desempleo relativamente baja y, al mismo tiempo, una tasa de ocupación moderada si una parte importante de su población adulta no participa en el mercado laboral.

Esto puede relacionarse con factores como la permanencia en el sistema educativo, las responsabilidades de cuidado, el retiro laboral o las dificultades para incorporarse a la actividad económica.

En consecuencia, ambos indicadores deben interpretarse conjuntamente y no como medidas equivalentes.

Implicaciones económicas y empresariales

Las diferencias entre países también tienen implicaciones para la actividad empresarial.

Una mayor disponibilidad de personas ocupadas puede reflejar una amplia participación de la población en las actividades productivas, pero no garantiza mayores niveles de productividad.

De igual manera, una tasa de desempleo elevada puede señalar dificultades para absorber trabajadores, aunque no permite evaluar por sí sola sus niveles de formación, remuneración o especialización.

Para las empresas, las condiciones laborales de un país dependen también de la disponibilidad de trabajadores calificados, los costos laborales, la productividad y las características de la contratación.

Por esta razón, los indicadores de ocupación y desempleo ofrecen una primera aproximación al funcionamiento del mercado laboral, pero resultan insuficientes para establecer comparaciones integrales sobre competitividad laboral.

Conclusión: trabajar más no siempre significa trabajar mejor

Los resultados de 2025 muestran que Bolivia lidera la proporción de población ocupada y registra la menor tasa de desempleo entre los nueve países analizados.

Ecuador también destaca por combinar una ocupación relativamente elevada con uno de los niveles de desempleo más bajos.

En el extremo contrario, Chile presenta la menor tasa de ocupación y el mayor desempleo del grupo.

Sin embargo, estas diferencias no permiten establecer automáticamente qué país ofrece mejores oportunidades laborales.

La principal conclusión es que la cantidad de personas ocupadas y la calidad del empleo son dimensiones distintas del mercado laboral.

Una economía puede registrar elevados niveles de ocupación y, simultáneamente, enfrentar problemas de informalidad, ingresos insuficientes y baja productividad.

Por ello, comprender la realidad laboral sudamericana exige complementar las tasas de ocupación y desempleo con indicadores de empleo adecuado, subempleo, informalidad e ingresos.

Solo mediante esta visión integral es posible distinguir entre economías que generan ocupaciones y aquellas que, además, ofrecen empleos de calidad.

% de la población económicamente activa (PEA)

Artículos Relacionados

Síguenos

Artículos Recientes